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Hoy es domingo 17 de diciembre de 2017 y son las 18:19 hs. ¿Estamos exponiéndonos más de lo que deberíamos? ¿Nos estamos revelando y, por lo tanto, nos volvemos más vulnerables? Algunas de las preguntas que nos hacemos en un momento en el que parece que, si no mostramos, no existimos. Pocos conceptos se caracterizan por su definición tautológica como el de “intimidad”. El propio diccionario de la Real Academia Española lo presenta como “zona espiritual íntima y reservada de una persona o de un grupo”. La necesidad de describirlo con la misma palabra que se busca explicar está asociada al hecho de que la intimidad es, en buena medida, un concepto relativo, cuyos límites están determinados no solo por la propia subjetividad –lo que es íntimo para una persona, quizá no lo es para otra– sino por el contexto histórico cultural. “Etimológicamente, el término intimidad procede del latín, del adverbio ‘intus’, que significa ‘dentro, interior’, en su carácter superlativo”, recuerda la psicóloga Verónica Sipowicz. Añade que forman parte de la intimidad o la privacidad de una persona “aquellos actos y sentimientos que se mantienen fuera del alcance público, reservado para un grupo acotado de gente, generalmente familia y amigos”. En la actualidad, las redes sociales han puesto en duda la definición de lo íntimo, hasta el punto de que algunos contenidos expuestos en ellas tienen un estatus dudoso. “¿Eso que publicaste, era para que lo supiera todo el mundo?”, es una duda habitual ante lo que aparecen como manifestaciones (“posteos”) que parecen más propios del ámbito estrictamente privado. “No, era solo para mis amigos”, suele ser también una respuesta habitual. ¿Cómo se verifica eso en el segmento poblacional definido como habitante “nativo” de las redes? “La tecnología atraviesa la vida de los chicos, impacta en sus modos de conocer, aprender, expresarse, comunicarse y divertirse. Los medios digitales son su modo habitual de comunicación y de interacción con el mundo”, destaca Sipowicz. La psicóloga afirma que, ante la necesidad de contacto humano, de compartir y de ser querido y aprobado por otros, los adolescentes exponen sus intimidades “esperando encontrar un receptor que los apruebe, los acepte y les brinde afecto”. A ello –agrega– se suma el deseo de mostrar y el deseo de curiosear vidas ajenas. “La identidad se construye a la vista de los otros. Las publicaciones con más ‘likes’ o mayor cantidad de comentarios les brindan seguridad y disminuyen el miedo al rechazo, redundando en prácticas de exhibición de la intimidad y publicidad de la vida doméstica”, alerta. El riesgo –continúa– es poner a la vista datos personales, con una consecuente desprotección del derecho a la intimidad y la privacidad. Eso, por otro lado, aumenta las posibilidades de padecer prácticas deshonestas o de acoso conocidas como “cyberbullyng”, “grooming” o “sexting”. “Con las graves consecuencias psicológicas que acarrean”, advierte Sipowicz. Grises Hay momentos en los que el juego entre lo público y lo privado se revela como una situación de ambigüedad inquietante. Surgen entonces esfuerzos por llegar a consensos sobre lo que es conveniente abrir a la mirada del otro, es decir, sobre cuál es el momento o la situación en la que es mejor mantener bajo control los efectos de la exposición. “¿Cuál es el límite ahora entre lo público y lo privado?”, se pregunta Diana Sahovaler de Litvinoff, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA) y autora del libro El sujeto escondido en la realidad virtual. “Cuando alguien revela algo de su subjetividad siempre se expone: hacer ostensibles deseos y debilidades propias o el modo en que busca ser querido o considerado por el otro, supone el riesgo de develar la vulnerabilidad o sufrir el dolor de un rechazo”, continúa. Y completa: “Ahora, ¿qué sucede cuando esa exposición podría dejarlo a la vista de cientos de potenciales ojos curiosos?”. La forma de comunicar –mediada por la tecnología y con la protección de la distancia– propicia tanto el ocultamiento, como la confesión, afirma la psicoanalista. “Cabe el interrogante –plantea– de si se ha perdido la intimidad o sólo se trata de un espejismo, debido a la forma de comunicación”. El deseo de exhibirse puede estar alimentado por dos factores. Por un lado, la necesidad de un reconocimiento –sentirse atractivo, acompañado o revalidado– y, por otro, el deseo de satisfacer una demanda implícita o, en algunos casos, explícita: la curiosidad de un otro. ¿Falsa intimidad? Sahovaler de Litvinoff afirma que el sujeto mantiene siempre un grado de reserva sobre sus goces privados. “Lo que muchas veces se exhibe no es la intimidad, es una fachada, un personaje ideal que se quiere ostentar, un desprejuicio erótico o agresivo que no siempre refleja la verdad de la vivencia”, asevera. Por lo tanto, lo que aparece como exhibicionismo puede en realidad mostrar que la intimidad está en otra parte. “El empuje a la exhibición compartida y masiva crea nuevos territorios aprovechando los recursos de las pantallas, en los que también se refugia y esconde la intimidad”. Nuevos ritos El mismo ingreso y algunos usos de las redes sociales pueden asemejarse a los antiguos ritos de pasaje de la infancia a la adolescencia. “En nuestra época, salvo en contadas poblaciones, dichos ritos no son ya motivo para transitar una ceremonia social en el sentido tradicional del término”, dice Juan Eduardo Tesone, también miembro de APA y autor del libro En las huellas del nombre propio. “Más allá del aspecto provocativo adolescente, o simplemente en búsqueda de llamar la atención, los ritos de pasaje pueden haberse desplazado a eventos sociales en vivo o por las redes sociales”, describe. Afirma que, en el proceso de exploración de su propio cuerpo, el adolescente puede incurrir en exhibicionismo al exponer la desnudez de su cuerpo como “un modo de afirmarse y provocar la reacción del otro, ya sea de sorpresa o de escándalo”. Es una forma también de lograr una confirmación desde el afuera de los cambios. “Asistimos a un deslizamiento de la in-timidad, incluido el cuerpo, a la ex-timidad de lo público”. El reemplazo de antiguos ritos por nuevas formas de exponer el pasaje de infancia a adolescencia no parece presentarse con normas reconocidas. “Los pasajes no están actualmente codificados por las leyes rituales que daban un marco de seguridad a una subjetividad vacilante”, indica. Y completa: “El adolescente contemporáneo se encuentra más solo en dicha transición, y quizá no mide los riesgos de exponer la desnudez de su cuerpo en las redes sociales”. Adolescentes, los más vulnerables La psicóloga Verónica Sipowicz remarca que las nuevas tecnologías y redes sociales han generado transformaciones a nivel social e individual. “Bien usadas, pueden llegar a ser una herramienta vital para relacionarnos de otra forma con nuestro entorno”, matiza. La especialista cita un estudio de Unicef según el cual actualmente el 80 por ciento de los niños, niñas y adolescentes de Argentina usan internet para hacer tareas escolares, 6 de cada 10 se comunican usando celular y el 86 por ciento conoce reglas de seguridad para utilizar la Red. “Teniendo en cuenta el uso de estas tecnologías en niños, niñas y adolescentes, debemos pensar en negociaciones intrafamiliares e institucionales”, opina. La idea es evitar buscar el enfrentamiento entre “lo nuevo y lo viejo”. Eso, afirma, “solo logra generar más distancia entre las generaciones”. “Se deberá explicar los peligros, fijar normas y tiempos de uso y llegar a acuerdos, utilizando el diálogo y la tolerancia de ambas partes en un marco de respeto en la familia”, recomienda. Por su parte, el psiquiatra Juan Eduardo Tesone enfatiza que, en las redes sociales, “no sólo no existe el equivalente de una contención social al difícil tránsito de la niñez a la adolescencia o de la adolescencia a la adultez, sino que existen adultos que pueden abusar de la necesidad de reconocimiento de los adolescentes”. La definición de la intimidad que hagan los adultos referentes, y su actividad consecuente al modelo elegido, puede representar una guía para el adolescente que es habitante nativo en las redes sociales.


Resultados de la Quiniela de CÓRDOBA

La primera de la Mañana CORDOBA (11,30 Hs.)
SORTEO:16.12.2017
A LA CABEZA
97
La mesa
2097 11º 1603
1144 12º 1598
9567 13º 2944
3954 14º 9173
3396 15º 8136
8258 16º 6940
6454 17º 1685
5465 18º 7052
9005 19º 2513
10º 5623 20º 4585


MATUTINA CORDOBA (14:00 hs.)
SORTEO:16.12.2017
A LA CABEZA
97
La mesa
2497 11º 0844
9792 12º 1527
1967 13º 6223
6824 14º 7537
6260 15º 4529
6576 16º 0147
6178 17º 9490
2114 18º 7418
9789 19º 9243
10º 3922 20º 0487


VESPERTINA CORDOBA (17:30 hs.)
SORTEO:16.12.2017
A LA CABEZA
14
Borracho
1014 11º 2955
0015 12º 4210
3625 13º 4580
0003 14º 3807
3256 15º 5345
8365 16º 4201
4056 17º 0796
7306 18º 8117
2089 19º 4424
10º 9841 20º 9953


NOCTURNA CORDOBA (21:10 hs.)
SORTEO:16.12.2017
A LA CABEZA
67
Víbora
2667 11º 5045
2829 12º 8777
5014 13º 5604
1329 14º 8952
8675 15º 7158
6590 16º 4244
2853 17º 0695
9815 18º 5658
2149 19º 3511
10º 7793 20º 0900


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